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Cuerpos menores: restos del comienzo

Cuando se construye una casa, siempre sobran materiales –trozos de madera, tuberías, cables y otros materiales. Lo mismo pasó con el sistema solar. Después de formarse el Sol, los planetas y las lunas, había muchos restos –desde bolas de hielo y roca a diminutos granos de “polvo.” Algunos de estos restos cayeron al Sol, mientras que otros fueron expulsados del sistema solar tras encuentros gravitacionales con el gigantesco planeta Júpiter.

Galileo snapped this stark 1993 image of the asteroid Ida, which is pockmarked by impact craters large and small.

Galileo tomó esta imagen del agreste asteroide Ida, con los numerosos cráteres de impacto de distintos tamaños.

Sin embargo, muchos de ellos permanecieron y siguen con nosotros: un planeta pequeño (y quizás más de uno), helados planetesimales que orbitan en el helado ámbito más allá de los planetas y gigantescas rocas más cercanas al Sol, entre ellas algunas que se cruzan con la órbita de la Tierra, y representan un posible riesgo para nuestro planeta.

Todos estos objetos son importantes para los astrónomos porque les ayudan a recomponer la historia de la formación y la evolución del sistema solar. También ayudan a los científicos a interpretar sus observaciones de otros sistemas estelares, donde grandes discos de material pueden estar formando planetas.

La mayoría de estos restos orbitan más allá de Neptuno, el más distante de los ocho planetas “principales” del sistema solar. Se formaron a partir del disco de gas y polvo que rodeaba al recién formado Sol. Pequeñas partículas se aglutinaron para formar pedazos más grandes, llamados planetesimales, los cuales, a su vez, se juntaron para formar los planetas.

Después de formarse los planetas, su gravedad lanzó a la mayoría de los planetesimales restantes al Sol o a órbitas distantes alrededor de él. Miles de millones de estos helados restos orbitan en el Cinturón de Kuiper, que está muy cerca de la órbita de Neptuno, o en la Nube de Oort, mucho más alejada. De vez en cuando, la órbita de uno de estos cuerpos es alterada y el objeto cae hacia el Sol, para convertirse en un cometa de cola alargada y reluciente.

El otro gran grupo de restos son los asteroides. Hay millones de ellos en órbita alrededor del Sol en un amplio cinturón entre las órbitas de Marte y Júpiter. Probablemente no pudieron juntarse para formar un planeta debido a la potente gravedad de Júpiter. El asteroide más grande tiene aproximadamente una cuarta parte del tamaño de la Luna.

Muchos otros asteroides siguen órbitas que les llevan hasta el territorio de los planetas interiores, entre ellos varios miles de asteroides grandes que cruzan la órbita de la Tierra. Si uno de estos objetos se estrellara contra la Tierra, podría destruir la vida en nuestro planeta. Por eso, los astrónomos intentan localizar todos los potencialmente peligrosos e identificar sus órbitas.

Los cometas y los asteroides también representan posibles recursos para las generaciones futuras, si decidimos extendernos por el sistema solar. Muchos asteroides son ricos en hierro y níquel, y también contienen cantidades más pequeñas de otros metales. Los cometas y muchos asteroides son además buenas fuentes de agua. (Algunos científicos creen que la mayor parte del agua de la Tierra procede de cometas.)

El uso de los recursos de estos objetos podría reducir el costo de exploración y colonización del sistema solar y supondría un caso de reciclaje extremo: volver a usar los restos de la formación del sistema solar.



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