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El sistema solar: hogar, dulce hogar

Una estrella de mediana edad, planetas de distintos tamaños, lunas de una variedad casi infinita, y gran cantidad de restos componen nuestro pequeño oasis de luz y vida. Es un oasis que todavía nos esforzamos por comprender del todo, y que quizás algún día los seres humanos puedan explorar personalmente.

En el invierno de 1504, el astrónomo Nicolaus Copérnico observó cómo los planetas Marte, Júpiter y Saturno se agrupaban en el cielo de la tarde. En su seguimiento, noche a noche, observó molesto cómo los planetas se acercaban unos 10 días más tarde de lo previsto por las tablas de referencia de los movimientos planetarios.

Great Dates

~525 BC
Pitágoras propone que la Tierra es una esfera

~250 BC
Aristarco infiere que el Sol es mucho más grande y está mucho más lejos que la Luna

1543
En De revolutionibus Copérnico plantea que el Sol, no la Tierra, es el centro del sistema solar.

1609
Las observaciones telescópicas de Galileo revelan las fases de Venus, las lunas de Júpiter y las marcas de la superficie de la Luna.

1755
Immanuel Kant propone que el sistema solar se formó a partir del colapso de una nube de gas y polvo

1962
Mariner 2 vuela por Venus; la primera misión de éxito a otro planeta.

 

Las tablas, compiladas siglos antes, suponían que la Tierra era el centro del universo, y que el Sol, la Luna, los planetas y las estrellas orbitaban nuestro planeta en una serie de complicadas combinaciones. Al tratar de averiguar por qué estaban equivocadas las tablas, Copérnico descubrió que había algo más que un error numérico: el plano del universo establecido estaba equivocado. Copérnico se dio cuenta de que la Tierra y los demás planetas giran en torno al Sol, que la Luna orbita la Tierra y que todas las estrellas “fijas” están muy, muy lejos.

In the 1500s, Tycho Brahe’s cosmology had the Sun, Moon, and stars orbiting Earth, while the rest of the planets orbited the Sun.

En el siglo dieciséis, la cosmología de Tycho Brahe presentaba al Sol, la Luna y las estrellas orbitando la Tierra, y al resto de los planetas orbitando el Sol.

Copérnico inició una revolución en nuestra comprensión del sistema solar y del lugar de la Tierra en él. La revolución continuó con la invención del telescopio, que permitió a los astrónomos descubrir nuevos planetas y saber que la mayoría de los planetas tienen sus propias lunas. Hoy, los instrumentos científicos conectados con los telescopios permiten a los astrónomos saber cómo son estos mundos, y los vehículos espaciales proporcionan vistas de cerca.

Todos estos descubrimientos demuestran que aunque la Tierra no es el centro del universo, sí pertenece a un barrio celeste muy notable. Nuestros vecinos planetarios van desde pequeños trozos de hielo o roca a gigantescas bolas de gas, con accidentes tan diversos como cañones tan largos como para cubrir los Estados Unidos, o sistemas tormentosos lo bastante grandes para tragarse la Tierra. La diversidad de las lunas es todavía mayor, con atmósferas coronadas de esmog, géiseres de hielo, océanos ocultos de agua líquida y piscinas de sulfuro líquido. Además, “restos” rocosos y helados de la formación de los planetas penetran y rodean el sistema solar, aportando millones de cuerpos más para nuestro estudio.

A pesar de los rápidos avances en el conocimiento de todo ello en los últimos siglos, a los científicos todavía les queda mucho por descubrir. Están intentando discernir, por ejemplo, la estructura exacta de los gigantescos planetas exteriores, y saber cuántos cuerpos del tamaño de los planetas orbitan el Sol mucho más allá del ámbito de los planetas conocidos.

Las mejoras en tecnología ayudarán a contestar muchas de estas preguntas. Telescopios más grandes en la superficie y en el espacio proporcionarán imágenes cada vez más nítidas del sistema solar, y permitirán a los astrónomos ver objetos mucho más tenues y más alejados. Nuevas sondas robotizadas volarán por planetas, lunas, cometas y asteroides, mientras que otras se posarán y maniobrarán por las superficies de estos mundos remotos, e incluso recogerán muestras para estudiarlas con detenimiento en la Tierra.

La humanidad puede terminar viendo estos mundos de cerca. Sea en persona, o desde aquí en la Tierra, los científicos sabrán más acerca de nuestros mundos vecinos y continuarán la revolución iniciada por Copérnico al trasladar a la Tierra desde el centro del universo a un barrio privilegiado: el sistema solar.



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