Explosiones Estelares Cuando una estrella como el Sol muere, expulsa sus capas exteriores al espacio,
dejando su núcleo, caliente y denso, enfriándose a lo largo de
las eras. Pero otros tipos de estrellas expiran con unas explosiones titánicas,
llamadas supernovas. Una supernova puede brillar como toda una galaxia de miles
de millones de estrellas “normales.” Algunas de estas explosiones
destruyen por completo la estrella, mientras que otras dejan una estrella de
neutrones súper densa, o un agujero negro –un objeto con una gravedad
tan potente que ni siquiera la luz puede escapar de él.
Hay dos tipos principales de supernovas, conocidas como Tipo I y Tipo II,
definidas por el espectro de la materia que se expulsa al espacio y por el
modo en que las estrellas resplandecen y se apagan. Sin embargo, a medida que
se van descubriendo más supernovas, la línea divisoria entre
las dos categorías se va haciendo más borrosa.
 Los
telescopios en la tierra y en espacio encajaron a presión estas
imágenes de los remanente de tres supernovas que eran bastante brillantes
ver con el ojo desnudo. Sobre: Las burbujas que se amplían del gas
caliente cercan la supernova 1987a, en una galaxia próxima.
Una
imagen de la radiografía de la supernova de Kepler de 1604.
 Imagen
infrarroja de la nebulosa de cangrejo, creada en una ráfaga de la
supernova vista en 1054.
Las supernovas de Tipo I más conocidas son las llamadas Tipo Ia. Una
Tipo Ia probablemente tiene lugar cuando una estrella enana blanca –el “cadáver” de
una estrella de masa mediana, como el Sol- explota en pedazos.
Los astrónomos sospechan de las enanas blancas porque las supernovas
de Tipo Ia normalmente ocurren en regiones del espacio que contienen principalmente
estrellas más viejas, lo que sugiere que una Tipo Ia es la explosión
de una estrella de larga vida. Las estrellas que viven mucho tiempo no pueden
tener mucha masa, lo que apoya la teoría de las enanas blancas. Y los
espectros de las supernovas de Tipo Ia apenas muestran hidrógeno, el
elemento más común del universo, sino mucho carbono y oxígeno,
los componentes de las enanas blancas.
La masa máxima de una enana blanca es 1.4 veces la del Sol, un valor
llamado el límite de Chandrasekhar. Las enanas blancas de masa cercana
a la masa Chandrasekhar son esencialmente idénticas, por lo que sufren
explosiones casi idénticas.
Según la teoría más aceptada, la transformación
de enanas blancas en supernovas es un acto de canibalismo estelar. Si una enana
blanca tiene una estrella acompañante, puede robarle gas a la superficie
de la acompañante. Si la cantidad de material acumulado por la enana
blanca acerca su masa al límite de Chandrasekhar, la enana blanca puede
explotar, sin dejar nada.
Las estrellas que producen las supernovas de Tipo II se forman probablemente
en los brazos espirales de las galaxias –regiones pobladas por muchas
estrellas jóvenes y brillantes- y no viven lo suficiente para alejarse
de su lugar de nacimiento. Como viven muy poco, estas estrellas deben de ser
masivas.
El brillo de una supernova de Tipo II culmina tras una semana o dos y permanece
constante hasta dos meses después. Luego disminuye drásticamente,
y durante los meses siguientes mantiene un brillo apagado y constante los meses
siguientes. El patrón de emisión de luz a lo largo del tiempo
concuerda con la explosión de una estrella “supergigante.”
Una supergigante atraviesa una serie de etapas que producen elementos cada
vez más pesados en su núcleo –de hidrógeno a helio,
carbono, oxígeno y demás. Pero esta serie acaba de manera violenta
cuando el núcleo se convierte en hierro. El hierro no puede producir
energía nuclear, sólo puede absorberla. Como ya no puede producir
energía, la estrella pierde su fuente de presión interna y se
colapsa.
Cuando el colapso alcanza una densidad crítica se detiene. En ese momento,
la materia del núcleo de la estrella está tan comprimido que
un bloque de su material del tamaño de un terrón de azúcar
pesaría millones de toneladas. El núcleo se ha convertido en
una estrella de neutrones –un objeto más masivo que el Sol, de
sólo unas millas de diámetro.
El proceso de colapso libera energía suficiente para destrozar las
capas exteriores de la estrella y expulsarlas al espacio a una velocidad que
es varias veces la luz. Estos fragmentos llevan helio, calcio, oxígeno,
carbono y otros elementos al espacio, donde pueden ser incorporados posteriormente
a nuevas estrellas y planetas.
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