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Estrellas: Faros Cósmicos
Las estrellas que titilan en el cielo nocturno son sólo uno de los incontables billones de objetos brillantes que iluminan el universo.  Hay estrellas de muchos tamaños, colores y edades.  Algunas tienen vidas cortas, rápidas y brillantes, mientras que otras se contentan con una existencia atenuada, de ascuas cósmicas.  Algunas explotarán en pedazos, otras simplemente se desvanecerán, y otras se colapsarán para formar agujeros negros.  Todas ellas seguirán inspirando a poetas y científicos.

Uno de los grandes misterios del mundo antiguo era la naturaleza de las estrellas.  Observando el movimiento de estas luces titilantes por el cielo, noche tras noche, año tras año, pensaban que eran las almas de los muertos, como la llama de velas sobre el elevado fondo, o como agujeros en la cúpula del cielo que dejaban pasar la luz celeste.

Por la ciencia moderna sabemos que las estrellas son gigantescas bolas de gas caliente que brillan porque producen reacciones nucleares en sus núcleos.  Sin embargo, esta explicación científica no le resta emoción a una noche dedicada a contemplar estrellas.     

Las estrellas se forman a partir de vastas nubes de gas y polvo.  Afectada por la onda de choque de una explosión estelar o algún otro evento, una nube se colapsa por su propia fuerza de gravedad.  Cuando la nube alcanza una densidad crítica, se calienta lo suficiente para desencadenar la fusión nuclear -un proceso que combina átomos ligeros para crear otros más pesados, liberando enormes cantidades de energía.  En la mayoría de las estrellas, como el Sol, los átomos de hidrógeno se combinan para formar helio. 

Sin embargo, más adelante, la estrella puede crear otros elementos químicos, como oxígeno, nitrógeno y carbono, que son esenciales para la vida.  De hecho, casi todos los elementos del universo, con excepción del hidrógeno y el helio, se formaron en los núcleos de estrellas o en los violentos procesos que pueden acabar con la vida de las estrellas.  Al morir, una estrella expulsa todos estos materiales al espacio, donde pueden formar nuevas estrellas, planetas y personas.  Por eso, los elementos de la Tierra -desde el oxígeno que respiramos al hierro de nuestra sangre- proceden de las estrellas.

La historia vital de una estrella está regulada por su masa.

La masa de las estrellas más pequeñas es menos del uno por ciento de la del Sol.  Las reacciones nucleares en sus núcleos se llevan a cabo a un ritmo más lento, por lo que estas estrellas viven cientos de miles de millones de años más.  Sin embargo, estas estrellas son poco calientes, y de luz tenue, por lo que su resplandor es el de un ascua cósmica de un rojo apagado.

Las estrellas de masa media, como el Sol, brillan varios miles de millones de años.  Son relativamente calientes, por lo que sus superficies tienen un brillo amarillo o blanco.  Al final, estas estrellas se inflan como pelotas de playa y luego expulsan sus capas exteriores al espacio para formar una vistosa “burbuja” llamada una nebulosa planetaria.  Cuando la nebulosa se disipa, deja un núcleo denso y caliente.

Las estrellas más masivas tienen vidas cortas y espectaculares.  Su gran masa comprime su interior, haciéndolas extremadamente calientes, por lo que consumen su combustible nuclear muy deprisa.  Pueden ser millones de veces más brillantes que el Sol, y su diámetro puede ser también docenas de veces mayor.  Estas estrellas morirán en unas explosiones titánicas, llamadas supernovas.  Estas explosiones dejan una estrella de neutrones extremadamente densa, o un agujero negro, todavía más denso.

Incluso con nuestro conocimiento actual de las estrellas, aún quedan muchos misterios.  Los astrónomos continúan estudiando este espectacular conjunto de luces cósmicas en busca de respuestas.


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