Estrellas: La Secuencia Principal
Hay estrellas de todos los tamaños y colores, pero
todas brillan porque son calientes.
El color de una estrella nos da una medida directa de la temperatura de su
superficie. Las más calientes tienen un brillo blanco-azulado,
mientras que el de las más frías es un rojo o naranja apagado. A
su vez, la temperatura indica cuánta energía irradia al espacio
cada segundo un área determinada de la superficie de la estrella. Si
lo multiplicamos por el área total de la superficie de la estrella,
obtenemos la luminosidad de la estrella –la medida de cuánta energía
irradia al espacio cada segundo.
 El
Sol es una típica estrella de mediana edad, de masa intermedia y
de la secuencia principal. 1.
Núcleo. El “horno” nuclear de la estrella, donde las reacciones
de fusión nuclear combinan átomos de hidrógeno para
producir helio, en un proceso que libera energía.
2. Zona radiactiva. La energía se mueve hacia la superficie de la estrella por una cobertura
de gas.
3. Zona de convección. Grandes “burbujas” de gas
caliente transportan energía a la superficie.
4. Fotosfera. La superficie
visible de la estrella. Las estrellas más calientes tienen un brillo
blanco, las más frías anaranjado.
5. Mancha estelar. Una “tormenta” magnética
en la superficie de la estrella.
6. Prominencia. Una erupción de gas
caliente que puede extenderse miles de millas por el espacio.
7. Corona. La atmósfera exterior de la estrella, calentada millones de grados
por el campo magnético de la estrella.
Estos dos valores –luminosidad
y temperatura- nos ayudan a conocer la masa, el tamaño y la etapa vital
en que se encuentra la estrella. Cuando los astrónomos analizan
los valores de muchas estrellas, encuentran patrones distintivos. Algunas
estrellas pertenecen a la categoría de “gigantes.” Estas
estrellas no son sólo grandes, como su nombre implica, sino que además
se aproximan al final de sus vidas, consumiendo el combustible de su núcleo. Otras
son “enanas blancas”: los cadáveres compactos de lo que
fueron estrellas normales.
Sin embargo, la mayoría
de las estrellas pertenecen a la “secuencia principal.” Estas
estrellas –nuestro Sol entre ellas- están en la flor de la vida,
buscando un delicado equilibrio entre la fuerza de gravedad y la presión
interna de su gas caliente.
La
temperatura de una estrella aumenta desde la superficie al núcleo. Las
temperaturas del núcleo
son tan elevadas, y la presión del gas tan fuerte que no pueden existir
sólidos ni líquidos. El núcleo de una estrella sólo
contiene gas súper caliente.
Bajo estas condiciones tan
extremas, una estrella experimenta un proceso llamado fusión nuclear,
en el que los elementos más ligeros “se fusionan” para producir
otros más pesados. Las estrellas de la secuencia principal fusionan átomos
de hidrógeno y producen helio. El hidrógeno es el elemento
químico más ligero y más simple, y helio es el segundo
más ligero.
El Sol produce por fusión
de hidrógeno casi 700 millones de toneladas de helio por segundo. Pero
aproximadamente un 0.7 por ciento de la masa de los átomos de hidrógeno
se convierte en energía, y es lo que hace brillar al Sol. Aunque
no parece mucho, la fusión nuclear es miles de veces más eficiente
que cualquier otra fuente de energía química así que el
hidrógeno del núcleo del Sol durará varios miles de millones
de años más. Las estrellas más masivas que el Sol
consumen su hidrógeno más rápidamente, mientras que las
estrellas menos masivas brillarán mucho más tiempo que el Sol.
Cuando se acaba el hidrógeno
del núcleo de una estrella, cesa la fusión nuclear, la estrella
se enfría, la presión desciende y el núcleo empieza a
colapsarse. La energía de ese colapso calienta el núcleo,
a veces lo suficiente para reiniciar la fusión; esta vez el helio se
combina para formar carbono. La estrella se asienta en una nueva fase,
aunque será mucho más corta que la anterior.
El ciclo de enfriamiento,
colapso y reinicio del proceso de fusión con el derivado del ciclo anterior
puede continuar hasta que la estrella haya convertido su núcleo en hierro. El
hierro y los elementos más pesados requieren demasiada energía
para fusionarse y formar elementos más pesados. En las estrella
más pesadas, donde el núcleo es convertido en hierro, la gravedad
gana la partida, el núcleo de la estrella se colapsa y sus capas exteriores
son expulsadas al espacio.
Las reacciones de fusión
también explican de dónde proceden el carbono y los elementos más
pesados. Los átomos de carbono de la tinta de este papel, y los
de los ojos con que lo vemos, se forjaron en el núcleo de las estrellas. Cuando
estas estrellas murieron, contaminaron sus cercanías con los derivados
de la fusión. El Sol, la Tierra y el resto del sistema solar se
formaron a partir del hidrógeno, el carbono y otros elementos de esa nube
de gas. Por eso, esas estrellas, cuyo carbono contaminó nuestro
entorno, nos hicieron posibles.
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