Ciudades de estrellas
El astrónomo Edwin Hubble estaba estudiando un objeto en la constelación
otoñal de Andrómeda conocido como la Nebulosa de Andrómeda.
Visto a través de un telescopio, parece un molinillo de viento, con brillantes
serpentinas en torno a un abultado centro. En ese momento, la mayoría
de los astrónomos pensaban que la Nebulosa de Andrómeda y objetos
similares eran brillantes bolsas de materia dentro de la Vía Láctea.
Pero el 6 de octubre de 1923, Hubble observó un tipo específico
de estrella dentro de la Nebulosa de Andrómeda (M31) y notó que
era una cefeida, un tipo de estrella que los astrónomos usan para medir
distancias en el universo.
Viveros de estrellas jóvenes y brillantes con un resplandor rojo
en esta detallada imagen del centro de M51, la Galaxia del Remolino.
Hubble descubrió que esta cefeida –y otras que vio en otras
fotografías- estaba muy lejos de la Vía Láctea. Cuando
Hubble informó de sus descubrimientos al año siguiente, los astrónomos
se dieron cuenta de que se habían equivocado de nombre con la Nebulosa
de Andrómeda. No es una nebulosa, sino una galaxia –la primera “ciudad
de estrellas” confirmada más allá de la Vía Láctea.
En las décadas transcurridas desde el descubrimiento de Hubble, los
astrónomos han encontrado galaxias de todos los tamaños, formas
y colores. Muchas, como la galaxia de Andrómeda y nuestra Vía
Láctea, tienen forma espiral. Algunas parecen pelotas de fútbol
americano, y otras no tienen ninguna forma regular. El universo puede contener
100 mil millones de galaxias, o más.
Las galaxias más pequeñas contienen sólo un millón
de estrellas, aproximadamente. La Vía Láctea alberga varios cientos
de miles de millones de estrellas, y las galaxias más grandes contienen
más de un billón de estrellas. Las galaxias contienen también
enormes nubes de gas y polvo, que son la materia prima para formar nuevas estrellas.
Además,
las galaxias contienen grandes cantidades de “materia
oscura” –materia que no produce luz visible ni ninguna otra forma
de energía detectable, pero que revela su presencia a través
de su jalón gravitacional sobre las estrellas y gas visibles. En la
Vía Láctea, parece que la materia oscura representa más
del 90 por ciento de la masa total de la galaxia. La mayor parte de la materia
oscura reside en un “halo” que rodea el brillante disco de la galaxia
y ocupa cientos de miles de años luz en el espacio.
Las galaxias están esparcidas por el universo. Sólo hay tres
galaxias fuera de la Vía Láctea fácilmente visibles sin
instrumentos: la gran galaxia en Andrómeda (la Nebulosa de Andrómeda)
y las dos Nubes de Magallanes, la Grande y la Pequeña. Estos son algunos
de nuestros vecinos galácticos más cercanos. Las galaxias más
lejanas observadas están a más de 10 mil millones de años
luz. Estas galaxias se formaron poco después de la formación
del universo.
En teoría, si el universo dura lo suficiente, sus estrellas se apagarán.
Agunas de sus estrellas se irán separando, pero otras caerán
en los gigantescos “agujeros negros” que acechan en los núcleos
de la mayoría de las galaxias. Tarde o temprano todas las galaxias terminarán
por desaparecer.
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